Crecer por dentro
En este episodio, Xavier Marcet analiza una situación cada vez más habitual en muchas organizaciones: empresas que funcionan, obtienen resultados e incluso tienen alma, pero que empiezan a tener dificultades para crecer de forma consistente. El síntoma se repite: equipos directivos con agendas al límite y una evidencia clara —si no delegan más, no crecen más—.
El foco se desplaza entonces hacia una figura clave y a menudo infravalorada: los mandos intermedios. Profesionales que influyen, organizan y toman decisiones en el día a día, pero no forman parte del comité de dirección. Para crecer de verdad, las empresas necesitan que estos mandos aumenten su pulsión directiva, asuman más autonomía y tomen decisiones que hoy siguen concentradas en la cima. Sin embargo, Marcet observa que no siempre ocurre así: algunos prefieren ser simples correas de transmisión, evitando la responsabilidad y el riesgo de tomar decisiones.
El episodio plantea una idea central: la jerarquía ha evidenciado sus límites. Crecer implica estructuras más planas, mayor inteligencia distribuida y una mayor capacidad de toma de decisiones cerca del cliente. Es decir, más actitud emprendedora y menos sumisión al escalafón. Para ello, la lógica directiva —combinar ejecución, visión de futuro y liderazgo— debe expandirse más allá de la alta dirección y convertirse en una parte central de la cultura corporativa.
Apoyándose en las ideas de Roger Martin, Marcet subraya que hoy la verdadera competencia entre empresas se juega en el front line, donde se relacionan con los clientes. Productos y marcas siguen siendo importantes, pero el poder del cliente —amplificado por la inteligencia artificial— obliga a desplazar inteligencia, liderazgo y capacidad de decisión hacia quienes están más cerca de él. Las organizaciones ya no pueden permitirse capas que no aporten valor a quienes sirven directamente al cliente.
En este contexto, los mandos intermedios son decisivos para algo más profundo que los resultados: la cultura. Son el espejo cotidiano en el que se refleja una gran parte de la organización. Con su actitud pueden consolidar la cultura corporativa o diluirla, desatar la burocracia o liberar la agilidad, desarrollar talento o imponer techos de cristal. Cuando un mando intermedio es tóxico, el impacto puede ser devastador.
Marcet insiste en que la cultura no se transmite con carteles ni con discursos, sino con el ejemplo. Por eso, una tarea esencial del liderazgo es crear nuevos líderes, no solo en la cúpula, sino también construyendo un sistema amplio de liderazgo distribuido. Los mandos intermedios deben ser transmisores de confianza y sentido, no simples emisores de órdenes que, llegado el caso, podría dar una máquina.
El episodio cierra con una idea potente: las empresas que crecen bien son las que crecen por dentro para crecer hacia fuera, las que saben delegar sin perder el alma. Porque liderar es servir, y no hay mejor servicio que hacerlo en dirección a los clientes, asumiendo la complejidad sin miedo a la incertidumbre y creciendo sin dejar de ser reconocibles en los bordes de la propia organización.
Creadores e invitados
